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ecanEl ser humano es un animal diurno y, por ende, debe dormir de noche. Esto que parece simple y sencillo, en los hechos no lo es. ¿Quién no ha sufrido tratando de dormir a un bebé empecinado en hacer de la noche día? ¿Quién no se ha desvelado por preocupaciones o felicidad excesiva? ¿Quién no ha estado tan cansado que no puede dormirse? El sedentarismo a niveles preocupantes no permite alcanzar el grado de fatiga física adecuado para iniciar el sueño, que además se ve alterado por hábitos incorrectos, por medicamentos y por enfermedades. El proceso de envejecimiento también altera el descanso de los viejos. En definitiva, el buen dormir requiere un esfuerzo de nuestra parte.
Dormir es una actividad normal del ser humano y ocupa casi un tercio del total de la vida. Es la alternancia obligada de la actividad y durante su curso de desarrollan importantes e imprescindibles procesos de crecimiento y reparación de órganos, aparatos y sistemas. El sueño tiene varias etapas, que cumplen diferentes funciones. La primera de ellas es la reparación del cansancio físico y dura un mínimo de 20 minutos. La segunda, y más importante, es una etapa de sueño más profundo en el que se reproducen las células de órganos como la piel o el intestino, por citar algunos; se produce el crecimiento en los niños y adolescentes; y se repara el cerebro.
Durante la primera etapa el individuo no se mueve, pero en la segunda hay movimiento de los ojos, del cuerpo, emisión de ruidos, quejidos, palabras y se producen ensoñaciones, a veces muy absurdas, pero otras sorprendentemente clarificadoras, con contenidos que constituyen el placer de siquiatras.
Al igual que en los otros mamíferos, el sueño es interrumpido por vigilias de fracciones de segundo que sirven para constatar que se puede seguir durmiendo.
El sueño y la vigilia son modulados por diferentes trasmisores químicos, básicamente adrenalina y noradrenalina, que se producen selectivamente comandados por cambios del sistema hipotálamo hipófisis de acuerdo con la luz solar.
El ser humano es un animal diurno y, por ende, debe dormir de noche. Esto que parece simple y sencillo, en los hechos no lo es.
¿Quién no ha sufrido tratando de dormir a un bebé empecinado en hacer de la noche día?
¿Quién no se ha desvelado por preocupaciones o felicidad excesiva?
¿Quién no ha estado tan cansado que no puede dormirse?

