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ecanA pesar de que las afecciones del aparato respiratorio son las causantes de gran parte de la morbilidad del senescente, casi nunca se les dedica mucho tiempo. Es que, en realidad, las medidas para prevenirlas son bastante simples y conocidas, pero como casi nadie las cumple, las epidemias de afecciones respiratorias son sumamente frecuentes en cuando comienzan las temperaturas otoñales.
Las enfermedades respiratorias más comunes son inflamatorias y pueden afectar desde la faringe hasta los pulmones. Pueden ser virales, como el resfrío común y la gripe, o bacterianas, como la bronquitis y la bronconeumonia.
La vía de transmisión de las afecciones respiratorias es a través del aire. El virus o bacteria es transportado por gotitas de saliva que salen del infectado -que puede estar enfermo o no- a una distancia hasta de un metro y medio. También suele propagarse a partir de secreciones botadas en pañuelos o expectoración tirada al suelo.
De estos elementos surgen las primeras medidas de prevención, que consisten en taparse la boca al estornudar o toser, no besar a personas enfermas, usar pañuelos desechables y eliminarlos adecuadamente. Por ningún motivo eliminar expectoración en el suelo. Además de ser un gesto vulgar, es antihigiénico.
El uso de mascarillas protectoras cuando se está enfermo es bueno, especialmente si se está en contacto con personas con menor defensa inmunológica, como mujeres embarazadas, personas en tratamiento anticanceroso o niños pequeños. Hay que recordar que estas mascarillas son desechables. Si se habla normalmente con ellas puestas comienzan a ser permeables y, lógicamente, su efecto protector se atenúa.
En nuestra garganta hay normalmente gérmenes que, potencialmente, pueden provocar enfermedades, pero la supericie de la tráquea y bronquios está preparada para defenderse de ellos por la circulación que tiene -que le da un temperatura adecuada-, por la producción de mucu y por la actividad de los cilios, que son unos pelitos que ondulan de adentro hacia afuera, arrastrando las sustancias extrañas al árbol respiratorio.
Cuando respiramos aire frío, o cuando se respira por la boca, se modifican estos mecanismos defensivos y los gérmenes pueden multiplicarse, produciendo la enfermedad. Como medida de protección se recomienda evitar los cambios bruscos de temperatura del aire que se respira, con una bufanda, por ejemplo.
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