Las relaciones sexuales coitales son normales en la pareja humana sin un límite establecido o normal de edad. Importantes estudios sobre sexualidad humana, que comenzaron Master y Johnson en la década de los 60, han demostrado que el envejecimiento produce algunos cambios, pero normalmente -es decir, sin mediar enfermedad-, puede desarrollarse satisfactoriamente pasados los 90 años (cuando digo sin mediar enfermedad incluyo el climaterio femenino y androgénico, además de endocrinopatías tratables).

¿Cuáles son esos cambios? El proceso de envejecimiento normal produce una disminución de los niveles hormonales de estrógenos y de testosterona, causando trastornos en la libido de ambos sexos, en la potencia masculina (capacidad eréctil) y en la lubricación femenina. También disminuye la respuesta contráctil orgásmica, lo que hace que el clímax sea más breve en ambos sexos.

En el varón se produce un aumento del tiempo de refractariedad, esto es, de tener respuesta sexual, lo que disminuye la frecuencia de las relaciones a un tercio de lo habitual. Muy raramente se logran dos o más relaciones en el mismo encuentro. Esta situación se ha visto modificada por el Viagra y similares de reciente incorporación a la farmacopea. De hecho, el Viagra es el primer producto farmacológico que revierte un proceso metabólico de envejecimiento por algunas horas, abriendo un campo extraordinario en el tema de calidad de vida en la longevidad.

Si la pareja practica ejercicio regularmente o solamente es físicamente activa, los demás aparatos y sistemas del organismo no causarán dificultades mayores. El desarrollo de nuevos fármacos para tratar disfunciones eréctiles ha mejorado sustancialmente la calidad de vida de quienes creían que al llegar a la edad adulta debían olvidar los encuentros sexuales. Obviamente que los doctores los consideramos para ayudar a nuestros pacientes, pero, en mi opinión, el problema más serio de la práctica de la sexualidad en la tercera edad es la incomunicación y el alejamiento afectivo, producidos por el descuido de la relación a lo largo de años.

La rutina, la pérdida de la coquetería y del juego amoroso son más destructores de la vida sexual de las personas que la vejez pura, como se pretende argumentar para no esforzarse por superar los escollos.

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Doctora Helia Valencia Espinosa - Medicina Interna y Geriatría - Santiago de Chile - Enero de 2004
Sexo después de los 90 años
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El amor en los tiempos de la tercera edad