El consumo de medicamentos es, en este momento, una norma en las personas mayores de 65 años. Es excepcional la persona que no los tome o no sienta que los necesita, lo que no siempre se ajusta a la realidad.
A este respecto, hay una cierta incultura que se ha generalizado en nuestro medio. No obstante que es el médico el único profesional debidamente capacitado para recetar, en la práctica recetan sicólogos, kinesiólogos, matronas, amigos, dependientes de farmacia, vecinos.
Es decir, cualquiera indica el uso de una
sustancia y asume que sirve para algo, sin conocer las contraindicaciones,
entre las que pueden encontrarse otras afecciones y otros medicamentos contrapuestos
que la persona pudiera estar tomando. Agotaría el tiempo que disponemos
si les empiezo a contar las barbaridades que han ocurrido porque, sin duda,
con la mejor intención, alguien dijo toma esto, que a mí me
hizo bien.
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