"Este medicamento no lo tenemos, pero este otro es lo mismo...".
"Este medicamento ya no se fabrica, pero lleve este otro, que es igual y más barato...".

¿Ha escuchado esto alguna vez? ¿Ha comprado medicamentos más baratos, o aconsejados por el vendedor de farmacia, sin obtener resultados?
Detrás de estas propuestas, que parecen destinadas a solucionar un problema al cliente, hay un profundo mar de fondo, que produce muchísimos problemas en la salud del paciente. Esto ocurre porque en la farmacia VENDEN medicamentos: no tienen ninguna responsabilidad legal sobre la indicación, no saben los motivos de la indicación y, sobre todo (y lo repito), porque su objetivo es vender.
La histórica botica, en la que el farmacéutico se encargaba personalmente de las prescripciones, ha dado paso a verdaderos supermercados de medicamentos, con políticas de mercado que en salud también son nefastas.
Salvo que el medicamento sea vendido con dos o más nombres distintos, siendo realmente lo mismo, la mayoría de lo que los dependientes de farmacia catalogan como iguales no lo son.
No basta con que sea la misma droga: el procesamiento con distintas sales o cristales que garantizan su estabilidad ante distintos factores externos (como la humedad o la temperatura), el tipo de presentación (cápsulas, tabletas, comprimidos recubiertos, gotas, suspensiones, etc.) influyen en los resultados.
El “Know how”, es decir, cómo producen sus medicamentos los laboratorios de marca, es un secreto industrial. Por ejemplo, la Tibolona, que es un medicamento que se usa para la terapia del climaterio, tiene el nombre original de Livial y tiene una diferencia de cristalización con sus copias (Tinox, fue la primera) que lo hace extraordinariamente estable, lo que no ocurre con los otros, que desde el escaso margen de 4 meses comienzan a degradarse.

Los trabajos de investigación están hechos con Livial y por lo tanto sus resultados son aplicables a ése fármaco y no a los otros, y al usarse en tratamientos delicados este factor es importante.
Hay fármacos que por su potencia o estabilidad no tienen grandes diferencias en los resultados, aunque pueden tenerlas en los efectos adversos. Esto ocurre con más frecuencia en los antinflamatorios, que pueden producir dolor abdominal, náuseas e incluso hemorragias digestivas.
Cuando el problema sea de costos es mucho más prudente advertírselo al médico, para que sea el especialista quien considere la posibilidad de usar un genérico o una copia de reconocida calidad.
Cuando a una persona le dicen que el medicamento ya no se fabrica, cortan la posibilidad de seguir buscándolo al mismo tiempo que se triza la confianza con el médico, que no estaría actualizado. La mayor parte de las veces no se trata de falta de fabricación, sino que en ese tipo de farmacia no se comercializa, porque no tiene venta fácil, porque no tiene buen rango de rentabilidad o porque el laboratorio no da “canela”, nombre elegante de la coima que recibe el vendedor por comercializar los productos de otro laboratorio.
Como puede observarse, ninguna de las razones resiste un cuestionamiento ético. Lo más lamentable es que no sólo son responsables los negocios de expendio de medicamentos, sino que los laboratorios que lucran de esta manera.
La única manera válida para terminar con esta nociva práctica es que la persona que compra exija el medicamento de la receta. Y si no hay, o si se lo niegan, que vaya a otra farmacia o que llame a su médico para orientarse.
Los laboratorios tienen un sistema de atención por visitas a los médicos en que le informan los nuevos medicamentos que entran al mercado, o los nuevos nombres de comercialización. En estas ocasiones deben avisar con antelación la supresión de alguno de ellos.
A veces hay problemas de internación del medicamento al país, porque la mayoría de los fármacos se importan, y puede producirse un desabastecimiento transitorio. Otras veces realmente se ha sacado un medicamento de circulación, porque ya no se receta o porque ha sido superado, pero el médico puede informarse directamente con el laboratorio que lo produce y hacer presente su molestia si no ha sido debidamente informado. Sigue...

Medicina Interna y Geriatría - Santiago de Chile - FEBRERO de 2005
La Concepción 56, dpto. 105, Providencia. Teléfonos 252 0721 - 235 50 38 (fono-fax) Secretaria Judith Donato

¿Ha escuchado hablar de la "canela" en la farmacia?

 

Cambio de medicamentos por otro "mejor y más barato"