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ecanLa mayoría de los prospectos alertan cuando un medicamento “afecta la capacidad para operar maquinarias”, pero esta advertencia no les llega a los conductores, que no asocian su automóvil con una maquinaria.
Si bien es cierto que la mayoría de los accidentes automovilísticos mortales son producidos por conductores jóvenes, muchos accidentes son ocasionados por choferes mayores que exasperan a los demás porque van lento por la vía rápida, dudan en los adelantamientos o son indecisos al entrar a otras vías como las rotondas, entre otras conductas que dependen en gran medida de la visión de profundidad, que permite calcular la distancia y velocidad que trae el vehículo que se avecina.
Los chilenos no somos un ejemplo de conducción y es cierto que estos errores los comete todo el mundo, pero los accidentes automovilísticos están ocupando el cuarto o quinto lugar de las tablas de mortalidad, y esa sí es una muerte evitable.
La combinación de motores cada vez más poderosos con la disminución de los reflejos, por la causa que sea, es francamente preocupante y merece una reflexión conjunta.
Si bien dejar de manejar significa una importante pérdida de autonomía, creo que el otorgamiento o la renovación de la licencia de conducción a los adultos mayores debe ser más riguroso. Tengo una paciente mayor de edad que se pierde dentro de su casa y acaba de renovar la licencia. También tengo pacientes con antecedentes de accidentes vasculares o crisis ictales (pérdida momentánea de la conciencia) sin grandes secuelas, que mantienen el permiso, constituyéndose en un riesgo para sí mismos y para los otros conductores.
También creo en la autocrítica. Los viejos deben empezar a educarse en la autoevaluación de sus propias capacidades, las que, objetivamente, se ven afectadas por la edad.

