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ecanHace algunos días, en las noticias resaltaban dos accidentes similares producidos por conductores de más de 70 años que manejaban autos automáticos. Ambos choferes confundieron el pedal del freno con el del acelerador, arremetiendo contra una feria y un banco lleno de clientes, con las desastrosas consecuencias esperables.
Parece un error de principiantes, especialmente en la conducción de vehículos automáticos, pero si bien es cierto que la inexperiencia juega un papel, no hay que olvidar que la mayoría de los viejos que conducen consiguieron su licencia muchos años antes. El problema es mucho más serio y quiero exponer algunos aspectos aprovechando esta desafortunada coyuntura.
Nuestro sistema nervioso tiene, a nivel de la médula, una serie de fibras que conducen diferentes sensaciones que permiten movilizar adecuadamente el cuerpo, ajustar la fuerza que se imprime en un movimiento y calcular por el sólo tacto el peso posible del objeto a cargar, por ejemplo. También transmiten percepciones de temperatura, suavidad o rugosidad y dolor.
Cuando hay daño vertebral, con disminución de espacios, rigidez de los ligamentos o existencia de espolones de hueso producto de artrosis, las fibras nerviosas pueden afectarse y la conducción de los estímulos es incorrecta, por lo que el individuo no usa bien sus extremidades.
Este deterioro es parte del precio que pagamos por andar en dos pies y no conozco personas mayores de 70 años con columnas indemnes. Si se suma el sedentarismo y la osteoporosis, el cuadro está completo. Imaginen entonces lo que ocurre cuando un viejo debe distinguir entre los pedales de freno y aceleración, que claramente ofrecen una resistencia distinta al ser presionados, lo que evita que el conductor los confunda.
Otro punto importante son los reflejos, es decir las maniobras que se hacen para evitar un daño. Los reflejos se hacen más lentos con la edad, pero rara vez llegan al nivel de ser invalidantes. Sin embargo, es habitual en nuestra población el uso de medicamentos que los enlentecen, como los sedantes benzodiacepínicos como el alprazolam, el clonazepam (Ravotril y Valpax son los más conocidos), el clorodiazepóxido (incluido en tabletas para disminuir la flatulencia como el Aerogastrol); el diazepam y otros menos usados.

