El maltrato a los ancianos es un tema de conversación que generalmente causa el rechazo de la gente, genera molestia y enfurece. Se piensa que "cómo puede ser posible que haya alguien tan desalmado" que atente contra un pobre viejito, una persona extremadamente disminuida, anquilosada, y en algunos casos postrada.
Desafortunadamente, los mismos que se espantan ante esta realidad caen en maltratos menos aparentes como por ejemplo ignorarlos, o no ir a visitarlos al hogar de ancianos.
En algunas casas olvidan hasta dónde están los abuelos y su opinión no cuenta para decidir nada, incluyendo la compra en el supermercado o las vacaciones. Los nietos se aburren de hablar con ellos porque no tienen buena audición y es frecuente escuchar un exasperado "¡no, abuelo!" cuando tratan de colaborar en cualquier tarea. A veces, la única interacción que tienen con sus propios hijos es el saludo matinal. Todo eso es maltrato, mucho más sofisticado, pero igualmente doloroso contra la dignidad del ser humano.
Uno de los temas de los que se habla en el último tiempo es el de la “invisibilidad” de los adultos mayores, y que es un fenómeno que se produce porque los familiares, la sociedad, no toman en cuenta su opinión. Además del grado de postración o las limitaciones físicas que puede producir la vejez, también hay una desvalorización desde el momento en que dejan de trabajar y de aportar económicamente.
Esto significa maltrato hacia los jubilados, hacia las dueñas de casa cuando ya son sustituidas en ese papel. El estar permanentemente negándole la posibilidad de hacer cosas a una persona que se siente con deseos y ganas de hacerlo es una manera de maltratar, de restar capacidad, porque de tanto que le digan que "no", el individuo deja de hacerlas y hasta se le olvida cómo se hacen.
Ejemplos clásicos de maltrato por el bien del individuo es hacer que permanezca sentado en un sillón sin hacer nada. O limitarles el movimiento amarrándolos a sillas o sillones, para evitar que se caigan si se paran solos.
Ciertas enfermedades producen determinados grados de deterioro mental que generan agitación y, a veces, por efecto de medicamentos, el individuo presenta inquietud: se para, se sienta, camina sin ningún fin determinado. Efectivamente hay riesgo de que se caiga, pero sucede que la limitación de movimiento es a veces tremendamente cruel, porque el anciano puede no estar completamente falto de lucidez. También puede ocurrir un accidente de la naturaleza como un terremoto, o un incendio y resulta que el viejo está amarrado y no puede hacer nada.
Muchas veces los ancianos son amarrados a la cama de las muñecas y los pies, como quien está en un potro, y eso ocasiona mayor inquietud. Indudablemente que hay veces en que es necesario contener para evitar las caídas, los golpes contra la baranda si es una cama clínica, o los golpes contra el velador (que son clásicos), pero hay otros métodos. Uno de ellos es colocar una sabanilla desde debajo de los brazos hasta debajo de la rodilla, y amarrarla por debajo de la cama. Esto les permite moverse, darse vuelta, recogerse, estirarse, pero no se pueden parar.
El caso más impactante que me ha tocado ver fue el de un viejo con Parkinson que estaba amarrado a una silla y que tenía problemas de próstata. Los familiares querían que orinara sentado, pero él no podía. Entonces orinaba por rebalse, se mojaba y lo retaban y lo insultaban por eso.
Les expliqué que había que modificar la terapia, que eso era un maltrato de obra, que era una agresión física contra un adulto mayor y que era legalmente punible. No me llamaron más.
En general la gente no lo hace con mala intención. Con mala intención he visto maltrato de las auxiliares en casas de reposo: apretones, moretones porque el paciente no se queda quieto. Los tratan con demasiada dureza y quedan marcados. Una de mis pacientes apareció con moretones súper sospechosos en el brazo, y resulta que eran los dedos de la enfermera nocturna.
Este tema ha sido abordado por otros países como España, donde se ha desarrollado mucho el apoyo a las personas que atienden a pacientes aquejados de demencia arteriosclerótica o Alzheimer, porque se neurotizan y al sentirse sobrepasados caen en el maltrato de no hacerles caso o de gritarles permanentemente.
Está absolutamente identificado el grado de neurosis que puede ocasionar un adulto mayor con sus facultades mentales disminuidas y con comportamientos anormales. Los viejos reaccionan instintivamente y entienden por el tono de la voz (como los niños pequeños), por lo que reaccionan a los gritos asustándose y/o poniéndose más impacientes o más intratables. De repente es muy difícil para la persona que cuida al anciano el entender que éste puede no tener la misma lógica, y por ello hay que tratarlo con la dignidad que se merece.
No es infrecuente que a la gente se le olvide dónde está la abuela. Hablo de la abuela, porque las mujeres viven más y se demencian más rápido. Probablemente en unos 20 o 40 años más la demenciación no va a ser tan intensa en las mujeres, porque quienes ahora tienen 80 años no tuvieron la educación ni participaron del trabajo como las mujeres de hoy. Tenían menos inquietudes y se deterioraban más fácilmente.
Es necesario desarrollar todas las capacidades, adquirir hobbies, aprender juegos, conservar la actividad social para poder mantenerse vigente y no sufrir la marginación familiar y social, que es la base del maltrato. (Volver a la página principal)

Maltrato a los ancianos ¿Quién está libre de pecado?
La "invisibilidad" de los adultos mayores