El tercer punto importante para tener una vejez entretenida y activa es mantener las relaciones sociales.
Cuando las parejas se separan, o uno de los dos enviuda, se pierde una gran constelación de relaciones. La jubilación también implica la pérdida de amigos laborales. La cercanía puede mantenerse por un tiempo, pero después uno se va sintiendo fuera de rodaje, porque estar contando yo estuve aquí, trabajé aquí deja de tener interés. Por eso hay que mantener una actitud de sociabilidad con personas diferentes y, primordialmente, de distintas edades. Los clubes de ancianos son importantes para mantener las relaciones con los pares, pero ellos también se mueren y la persona se va quedando sola.
Es más fácil establecer relaciones sociales cuando tenemos inquietudes que puedan ser compartidas. Tal como dije antes, hay que desarrollar hobbies e intereses en el momento en que tenemos capacidad para ello, ya que los viejos tienen que hacer un gran esfuerzo de voluntad para aprender nuevas habilidades. Jugar ajedrez o cartas, pintar, tejer, hacer actividades de manualidad fina permiten desarrollar la motricidad fina y mantener la capacidad de concentración.
Jugar un “solitario” con cartas es muy útil, pero también yo recomiendo a mis pacientes que jueguen bridge, pues para aprenderlo se necesitan clases, hay que jugarlo de a pares y entenderse muy bien con el compañero. Además, implica estar en una actividad social y llevar dos líneas de pensamiento al mismo tiempo.
Si no usamos nuestras capacidades el cerebro se llena de herrumbre. Envejecer activamente exige un esfuerzo voluntario. Si uno se deja sacar del carril, porque piensa que no tiene nada que ofrecer, está muy equivocado. Siempre podemos entregar afecto, siempre podremos prestar nuestro oído para escuchar y preocuparnos del otro, en vez de quedarnos pegados en que nos duele la rodilla.
Los viejos tienden a ser egoístas y eso es un defecto. Parece ser que cuando desaparecen los frenos sociales que exigen simpatía a cambio de aceptación, la gente empieza a descuidar un poco sus relaciones. Y a veces la familia no ayuda. Cuando van a ver a un familiar a la casa de reposo le dicen ¿cómo está la viejita?, pero no le cuentan cómo está el mundo ni los meten en su vida. Yo no soy partidaria de la institucionalización, salvo casos absolutamente imposibles de tratar en casa, pero creo que aún una persona institucionalizada puede mantenerse vigente.
Las personas que jubilan deben imponerse cierta disciplina, realizar actividades fijas que impliquen estar en contacto con otras personas, que nos obliguen a “arreglarnos para salir”, que nos motiven a tener que estar “conectados” con lo que pasa en el mundo para conversar con otros. Cosas tan simples como éstas impedirán que nos bajemos, o nos bajen, del carril antes de tiempo.
