
¿Cómo elegir un hogar de ancianos?
Una de mis pacientes ingresó por voluntad propia a una casa de reposo,
porque se le estaba haciendo difícil manejar su departamento. Su peor
problema ha sido adecuarse a un horario rígido de actividades -incluidas
las comidas-, la sensación de no tener privacidad, la pérdida
de libertad y el ser tratada como enferma.
El tema no es fácil. Cuando un núcleo familiar decide institucionalizar
al anciano porque no tiene quien lo atienda, porque no puede pagar un auxiliar
o porque la destrucción de la vida familiar es grave, siempre hay sufrimiento.
Yo recomiendo, cuando es posible, crear departamentos interiores, que combinan
independencia y cuidado. Cuando es imposible, sugiero que se fijen más
en el entorno que en la atención sanitaria, que investiguen la estabilidad
del personal, que observen el grado de actividad de los residentes y la expresión
de sus caras.
También les pido que no los dejen abandonados. Muchas de las tragedias
que han pasado con viejos eran perfectamente detectables por los familiares,
pero a veces es más fácil hacer la vista gorda y auto convencerse
de que están bien atendidos.
Mientras se desarrolla la construcción social del viejo en Chile, respetado,
integrado y con su dignidad humana incólume, hay que redoblar la exigencia
sobre el cuidado de los adultos mayores.
La vejez no es una enfermedad. Es una etapa de un proceso que tendrá
mejor calidad biológica en la medida que aprendamos a desarrollar capacidades,
controlar factores de riesgo de enfermedad y a minimizar las pérdidas.
Pero, aunque es importante, la calidad biológica no es lo único
que condiciona la calidad de vida.
En cualquier etapa de la vida humana son importantes la autoestima, la relación
afectuosa con el entorno, la integración a la sociedad y, sobre todo,
un proyecto de vida.
A mi juicio, gran parte de los problemas de los adultos mayores deberán
ser resueltos por un cambio de la percepción sociocultural de la vejez
y en ese proceso será importante la participación de los viejos,
porque hasta ahora están muy ausentes.
Hasta hoy, la gran condicionante es económica, dejando de lado hasta
el afecto filial. Las casas de reposo, o cualquier otra
denominación, solucionan un problema en forma parcial.
Los viejos de escasos recursos deben ser acogidos por instituciones de caridad,
que hacen ímprobos esfuerzos por lograr mínimos de supervivencia
que sobrecogen cuando la opinión pública los conoce.
La gran proliferación de establecimientos legales y clandestinos muestran
que hay una necesidad no cubierta para la sociedad, que representa la posibilidad
de lucrar y de ahí se generan los abusos que todos conocemos. Esta
no es la generalidad, pero desgraciadamente es frecuente. No creo que exista
la intención de maltratar, pero la vida de los viejos en un hogar de
ancianos no es precisamente hermosa.![]()

