
Un problema nuevo
La viudez o el natural desplazamiento de los hijos para formar nuevas familias deja a los viejos solos en casas que, por lo general, son muy grandes para sus necesidades.
Otras veces, enfermedades que limitan el auto cuidado del anciano o insuficiencias económicas obligan a la familia a definir qué van a hacer con el abuelo o la abuela.
El problema de definir quién cuida a los adultos mayores en una familia es un asunto relativamente nuevo en nuestra sociedad. Antiguamente las viviendas eran espaciosas y no daban pie a esta complicación, a diferencia de las actuales construcciones que consideran espacios sólo para el matrimonio y un par de hijos, excluyendo totalmente a los adultos mayores. En ocasiones, la dependencia de la empleada pasa a ser el departamento del abuelo (a), pero la mayoría de las veces el adulto mayor desplaza o comparte la pieza con uno de los nietos, lo que no deja de tener inconvenientes.
Las incompatibilidades de caracteres, las costumbres de generaciones diferentes pueden tensionar el núcleo familiar a niveles increíbles, desencadenando reacciones angustiosas y depresivas que impiden lograr armonía.
Se plantea entonces la posibilidad que el anciano se vaya a vivir a un lugar donde lo cuiden y donde comparta con sus pares. Es un planteamiento que puede ser lógico, pero que no da respuesta a la pérdida de pertenencia del viejo a una familia.
Comienza entonces la búsqueda del sitio los familiares consideren adecuado (rara vez se considera la opinión del viejo), de acuerdo a consideraciones de entorno y atención de salud, pero fundamentalmente al presupuesto con que se cuenta. Llegamos a la pregunta que encabeza este artículo: ¿Cuánto estoy dispuesto a pagar por mis viejos? ![]()


