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ecanNuestros viejos comían cuatro veces al día, con almuerzos y comidas que incluían entrada, sopa, segundo plato y postre. Y no eran obesos. ¿Por qué? Porque comían muchas más legumbres, hortalizas y frutas, y menos tallarines y arroz. Tampoco tenían televisor, así es que no pasaban horas sentados “picoteando”. Hoy los chilenos no caminan a menos que encuentren algo, o a alguien, que los acerque a su destino. Toman el ascensor para subir al segundo piso y tienen acceso fácil a comidas preparadas, con mucha grasa y acentuadores del sabor.
El exceso de peso produce problemas de salud, pero las dietas estrictas y sin control también hacen mucho daño. Nuestro cuerpo está diseñado para tener una cierta cantidad de grasa que lo protege del frío, mantiene los órganos en su lugar y nos da los contornos armónicos, al mismo tiempo que permite que los huesos, músculos y articulaciones puedan funcionar adecuadamente sin deformarse, desgastarse ni doler.
El aumento progresivo de peso con los años, especialmente en relación con el climaterio femenino y cuando los varones cumplen los 40 años, no es solamente una preocupación estética, sino que tiene consecuencias en la salud.
Últimamente se ha informado mucho acerca de que la obesidad es un exceso de peso sobre el 30% del peso ideal. Lo cierto es que ésa ya es la etapa de enfermedad, aunque las Isapres no lo quieran reconocer como tal. El problema ha empezado mucho antes, con aumentos leves y sostenidos de peso.
Se sube de peso fundamentalmente porque se produce un desequilibrio entre la energía que ingresa (alimentos) y la que nuestro cuerpo consume. Rara vez es producto de enfermedades metabólicas. Hay otros factores, como el embarazo, pues suele ocurrir que la mayoría de las nuevas madres se quedan con el 20% o más del peso que tenían antes de la gestación.
La mayor parte de las veces ocurre que se cambian los hábitos de vida tanto en el ejercicio como en la forma de comer. En ocasiones no hay cambios en la forma de comer ni en la cantidad o calidad, pero la actividad física disminuye notablemente.
Al empezar a trabajar, por ejemplo, hay alzas más notorias de peso, porque los horarios generalmente no permiten hacer mucho deporte o ejercicio. También aumenta la capacidad económica y, desgraciadamente en Chile, todo se celebra comiendo: cumpleaños, bautizos, matrimonios, pagadas de piso, reencuentros y un largo etcétera.
También es cierto que en el envejecimiento, especialmente en mujeres, aumenta la secreción de una hormona secretada por las células adiposas, la leptina, que favorece el almacenamiento de grasa. También hay un crecimiento de las vísceras del abdomen, que sumado a la pérdida de tonicidad de los músculos de la zona ocasiona la poco sentadora pancita. Pero este hecho no es para justificarse los “rollitos” de los brazos, los muslos o las caderas. Todos sufrimos esos cambios, pero no todos llegan al sobrepeso ni a la obesidad.

