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Hoy es de conocimiento generalizado que el colesterol “algo tiene que ver” con la arteriosclerosis y sus desastrosas consecuencias de infarto del miocardio o del cerebro, entre otras. No era así hace algunos años, en la época en que la comida chatarra alcanzaba niveles de consumo extraordinarios, avalados por excelentes campañas comunicacionales. De a poco, la obesidad infantil y el aumento de la frecuencia de infarto (especialmente en varones cada vez más jóvenes) lograron alertar sobre este problema y ahora es habitual el control del perfil lipídico en forma rutinaria. Los abordajes terapéuticos de esta situación han mejorado notablemente y es necesario adaptarse al nuevo conocimiento. Si usted tiene 50 o más años, especialmente si es varón o mujer sin sustitución hormonal postmenopáusica, debería preocuparse de este tema.

El colesterol es una grasa de la sangre que se utiliza como base química para la formación de hormonas, enzimas y otras sustancias fundamentales. Proviene en parte de la dieta y el resto lo elabora el hígado, de modo que no basta cambiar los hábitos alimentarios para normalizarlo, aunque una dieta equilibrada es esencial como hábito de vida.

¿Cómo se consigue el perfil lipídico? Con una muestra de sangre. En términos simples, en el laboratorio se centrifuga la sangre y se establecen niveles para el colesterol total y sus fracciones: HDL (nivel de alta densidad, en las siglas en inglés), LDL (baja densidad) y VLDL (muy baja densidad), además de los triglicéridos.

El HDL es un colesterol lubricante, de efecto favorable en la circulación de la sangre y habitualmente se conoce como "el colesterol bueno". El LDL, por el contrario, es el que ocasiona la mayor viscosidad de la sangre, el enlentecimiento de la circulación, la formación de remolinos intravasculares que favorecen la precipitación del colesterol en placas, que se convertirán en las placas de ateroma, características de la aterosclerosis. En resumen, es el “colesterol malo”.

Durante bastante tiempo se ha utilizado la relación Colesterol total/HDL como factor predictor del riesgo de enfermedad aterosclerótica y de cierta manera funciona. Sin embargo, las últimas evidencias basadas en el análisis de grandes volúmenes de personas en trabajos de seguimiento cardiovascular durante años, han mostrado que el factor predictor del riesgo de hacer un “evento vascular” (léase infarto cardíaco, cerebral, renal u oclusión arterial periférica) está directamente asociado al nivel de LDL.

Es tan concluyente la evidencia, que hay trabajos que muestran que si se logra bajar y mantener el LDL por debajo de 100 mg/ml, se disminuye hasta 60% el riego de daño en pacientes de alto riesgo, como los diabéticos, hipertensos, obesos, estresados y sedentarios. Los resultados, obviamente, son mejores en población de bajo riesgo. Hace tiempo que no se producía un remezón tan fuerte en los abordajes terapéuticos de esta situación y es necesario adaptarse al nuevo conocimiento. Sigue

La Concepción 56, departamento 105, Providencia - 235 50 38 Secretaria Judith Donato
Doctora Helia Valencia Espinosa - Medicina Interna y Geriatría - Santiago de Chile SEPTIEMBRE de 2007
¿Qué hay de nuevo con el colesterol?
Perfil lipídico, infartos y comida chatarra