Más allá de los 70, los 80 y lo 90 años hay ancianos que siguen taquillando por la vida sin dejarse arrinconar. Vigentes, activos, con un discurso y una mente joven que ni las enfermedades ni los achaques han logrado opacar, parecen guardar un secreto difícil de averiguar.
¿Es que se puede clínicamente prolongar la vida? "No hay nada clínicamente probado que pueda hacerlo", dice la geriatra Helia Valencia. "Sí se puede mejorar la calidad de la existencia en la ancianidad". Pero no son los remedios, ni las aguas termales o las enigmáticas inyecciones revitalizantes de la clínica de rejuvenecimiento de Rumania, la clave del misterio.
"La salud mental es lo que manda la calidad de vida de los viejos", afirma la doctora Valencia. Son los medicamentos y ejercicios del alma los que insuflan las ganas de vivir. Sólo 80 médicos geriatras hay en Chile. Haciendo un balance de sus pacientes que, pese a ser portadores de dolencias, están bien, se descubre que todos comparten la capacidad de no limitarse y mantenerse vigentes.
Tras este atributo que actúa como poderoso elíxir de juventud, hay varios factores. En parte, herencia genética: también una buena alimentación sistemática que protege un desgaste excesivo y la carencia de una enfermedad que haya sido mal tratada. Mas, por sobre todo, esos ancianos siguen desarrollándose emocional e intelectualmente. "El cerebro es lo último que envejece", aclara la geriatra.
"La mente sólo se hace lenta e incompetente por falta de estímulo. Por tanto, siempre hay que estar aprendiendo, aunque sea el chino y nunca se utilice". Sabiendo que el no aprender no es una condición de la vejez -a menos que se haya dejado que el mecanismo se destruya por desuso- el otro trago de juventud que siempre están bebiendo los ancianos taquilleros es trabajar activamente, manteniendo su interés por el mundo.
"La
tasa de suicidios entre los viejos es alta, ocupan el cuarto lugar. La causa
son depresiones que pueden ser endógenas, pero, básicamente,
son reactivas a la soledad porque sienten que los abandonan". Sin embargo,
siempre se vuelve a la misma pregunta: ¿Por qué en algunos perduras
todas esas causalidades y en otras no? "Mi impresión es que es
la actitud que adopta el individuo cuando es joven", precisa la geriatra.

