Decir
que la llamada "píldora del día después" promueve
conductas sexuales promiscuas en las mujeres es una ofensa gratuita, que implica
un gran desconocimiento de la mentalidad femenina. Argumentar que atenta contra
la estabilidad familiar es reducir el complejo problema de las relaciones
humanas a la conducta sexual.
Me preocupa, como médico y ser social, el tono y el sentido que ha
seguido la discusión sobre la píldora del día después,
y siento la necesidad de compartir mis argumentos: La píldora del día
después es el nombre que coloquialmente sirve para identificar uno
de los usos del levonorgestrel. Su objetivo último y fundamental es
impedir la producción de un embarazo no planificado. Ni siquiera requiere
para su uso la constancia de la existencia de un embarrazo (sí, embarrazo:
una gran embarrada): ante una relación coital sin protección,
la mujer ingiere la píldora y puede seguir su vida sin la terrible
y angustiosa espera de la próxima menstruación.
El medicamento no altera la fertilidad futura, ya que no modifica el funcionamiento
del ovario, es decir, en el próximo ciclo la mujer puede optar por
embarazarse. Tampoco se asocia a la aparición o agravamiento de cánceres,
ni
a mayor frecuencia de otras enfermedades. El uso del levonorgestrel con este
fin es antiguo en numerosos países de
América y Europa. También en Chile, alcanzando las dosis adecuadas
a partir de otros fármacos que lo contienen.
La píldora está diseñada para ser usada excepcionalmente
y no como una herramienta de planificación familiar ni de control de
la natalidad. Al ser indicada bajo control médico, se debe dar por
sentado que el profesional orientará a la mujer en la planificación
de su maternidad, sugiriendo el método anticonceptivo más adecuado
para su caso.
El médico es un profesional que debe contar con las herramientas y
el conocimiento suficiente para ayudar al paciente. No es un juez de sus conductas
éticas, no es un consejero religioso. El médico es un técnico
en una materia.
Debe informar, pero no imponer sus criterios personales. No debe sesgar la
explicación para obligar a la paciente a tomar una decisión
en un ámbito tan personal como éste.

