

Si usted es varón de más de 50 años puede estar padeciendo deficiencia de testosterona, la hormona masculina por excelencia, lo que provoca una serie de síntomas que afectan notoriamente la calidad de vida.
Es mucho más frecuente de lo que se cree: el 12% de los varones de 50 años ya tiene reducido el nivel de testosterona total que circula en su sangre y que es producida por los testículos, y este porcentaje va aumentando con los años.
Se trata de un fenómeno de envejecimiento, similar al climaterio femenino, con la diferencia que no es tan drástico, es mucho más paulatino y no tiene momentos críticos como es la menopausia (cese de la menstruación) que ocurre en las féminas, en que el cese de la función reproductiva es claramente evidenciable.
Pero al igual que el climaterio femenino, el ADAM ( por sus siglas en inglés Androgen Deficiency in the Adult Male), es una enfermedad endocrina que necesita sustitución en la mayoría de los casos.
Cuáles son los síntomas, o más bien las condiciones que pueden asociarse a una baja de testosterona:
-Cansancio
-Cambios de carácter, que pueden ser aumento de la irritabilidad o, por el contrario, apatía
-Disminución de la libido (interés sexual)
-Trastornos de la erección (incompleta, lenta, inestable)
-Pérdida de la energía
-Pérdida de masa muscular, a pesar del ejercicio
-Disminución de masa ósea (osteopenia u osteoporosis con mayor riesgo de fractura)
-Anemia
-Depresión
-Pérdida de la agudeza mental, que se traduce en menor sentido del humor, lentitud mental, errores de memoria.
Estos síntomas aislados también pueden corresponder a otras circunstancias, pero cuando están presentes varios de ellos en un hombre de edad media se hace necesario descartar la presencia de ADAM, ya que el tratamiento es muy efectivo.
Como todos los tratamientos de sustitución hormonal existen riesgos. Por motivo alguno pueden ser indicados por otra persona que no sea un médico, después de haber confirmado la deficiencia de testosterona, descartado la presencia de tumores que puedan “incendiarse” con la hormona, como es el caso de los tumores de próstata o testículos, fundamentalmente, pero también hepáticos o de paratiroides.
Las dosis de sustitución deben personalizarse, es decir, medir sistemáticamente las respuestas, tanto en niveles de testosterona sanguínea como en sintomatología, para determinar cuánto, por qué vía (oral, gel o inyectable) y cada cuántos días hay que administrarla.
El costo del tratamiento no es menor, lo que debe ser tomado en cuenta antes de iniciarlo.
El tratamiento no está exento de efectos laterales, la mayoría transitorios y poco importantes, pero que requieren revisión de la dosis.
En nuestra sociedad los varones son poco dados a reconocer deficiencias en el delicado territorio de la masculinidad, por lo que en mi experiencia profesional es más frecuente que las mujeres los impulsen a consultar.
Sea como sea, lo importante es que sean diagnosticados, para que se mantengan en mejores condiciones por más años, considerando que la expectativa de vida sigue aumentando. ![]()